La Educación libertaria: ¿cuántas divisiones?

Por Hugues Lenoir
Jueves 6 de junio de 2013
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Publicado originalmente en la revista Réfractions 7, otoño 2001

Traducción del francés en "Educación anarquista, aprendizajes para una sociedad libre"

Editorial Eleuterio, Santiago de Chile, 2012.

No volveré sobre los principios de la educación libertaria ya enunciados por Fernand Pelloutier en 1876, y puestos en práctica por Paul Robin, Sébastien Faure y la CNT española en sus múltiples creaciones de escuelas racionalistas inspiradas en Francisco Ferrer. Estos principios, retomados incluso por Pierre Besnard en "Les Syndicats ouvriers et la Révolution sociale "(Los Sindicatos obreros y la Revolución social) son siempre de actualidad, y estas experiencias son conocidas. Me gustaría más bien mostrar en qué la reflexión y las prácticas de los anarquistas en materia de educación fueron más fecundas, más durables, y sin duda más profundas que la más grande de las victorias militares en el frente de Aragón. En mi opinión estas experiencias educativas, más conocidas que las colectivizaciones agrícolas o industriales, han marcado más durablemente la sociedad que toda otra práctica inspirada por la teoría anarquista, excepto talvez la acción directa en materia sindical.

Veamos sin embargo que, cualquiera sea la época, la experimentación social o la sensibilidad de sus militantes, el anarquismo se ha preocupado siempre de la educación y la ha considerado como prioritaria. Así, ella aparece a lo largo de los textos y de los tiempos como una llave de transformación radical de los individuos y de las sociedades. Objeto central de la transformación o del mantenimiento de las sociedades, la educación siempre está en el corazón de los conflictos sociales y de lo que está en juego. Los anarquistas tuvieron tempranamente una plena consciencia de ello. Ella es un propósito mayor e ineludible. Los anarquistas no se equivocaron en ello, la reacción tampoco.

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